“A Manuel se le ha matado dos o tres veces más después de que murió”

Observatorio Ciudadano

El estudiante de 16 años estaba en una pasarela observando las protestas del día del Paro Nacional cuando recibió el disparo mortal del sargento Miguel Millacura que hoy está en libertad. Así, Manuel Gutiérrez se sumó a la lista de los caídos en democracia, demostrando que no sólo anarquistas y mapuche corren peligro frente al sistemático abuso y exceso policial en el Chile de hoy. Su familia, evangélica y distante de la política, aprendió a salir a la calle para exigir la justicia que, a seis meses del disparo fatal, todavía no llega a condenar a los culpables.

Apenas habían pasado unas horas de la muerte de Manuel Gutiérrez, el 25 de agosto de 2011, cuando el general Sergio Gajardo, segundo jefe de la Zona Metropolitana, declaró ante los medios: “Yo descarto de plano la participación de carabineros”. Sus palabras daban un portazo a la petición de iniciar una investigación interna.

Ese fue el primer golpe para la familia Gutiérrez tras la muerte de Manuel. En adelante, tendrían que vivir en carne propia las amplias posibilidades de impunidad que la Justicia Militar ofrece en Chile a los uniformados. En años pasados, jóvenes anarquistas, militantes de Izquierda y mapuche fueron abatidos en las calles y en el campo, víctimas de “fuerza excesiva”, no respeto de protocolos y uso indebido de armas de fuego por parte de Carabineros. Esta vez, la bala policial no discriminó orientación política: Manuel no estaba protestando.

Actualmente, el asesino confeso de Manuel, el sargento de Carabineros Miguel Millacura, se encuentra libre, esperando la sentencia de la Justicia Militar que decidió revocar su prisión preventiva dos meses después del crimen. Otros nueve carabineros involucrados -quienes mintieron sobre la culpabilidad de Millacura y limpiaron el arma para borrar evidencias- fueron dados de baja de la institución, pero hace unas semanas se descubrió que son sólo cinco de ellos los realmente desvinculados. Así, la historia de Manuel comenzaría a hacer eco de los mismos dolores que las familias de Matías Catrileo o Jaime Mendoza Collío padecen hace tiempo. Hoy, los Gutiérrez saben que la justicia sólo se podrá obtener luego de una larga lucha en que tendrán que enfrentar la desidia del Gobierno, las marañas de Carabineros y la Corte Marcial y la indiferencia de los medios de prensa conservadores.

-Contextualizando lo que pasó, Manuel murió en el segundo día de Paro Nacional convocado por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). ¿Qué hacían ustedes ese día y cual era su relación con la política hasta entonces?

Jacqueline Gutiérrez (26): Nunca hemos tenido relación con la política, ni de derecha ni de izquierda. Estábamos interesados, sí, uno ve las noticias y se entera de las demandas, uno sabe quiénes son los dirigentes por lo que ve en la tele. En ese tiempo Gerson no trabajaba, yo también estaba sin trabajo, Manuel estudiaba pero su colegio no había adherido a ningún tipo de paro. Mi mamá trabajaba en el área de la Salud, así que ella estando o no en paro, tiene que trabajar igual. No era algo que influyera mucho en nuestra vida.

-Tras la muerte de Manuel, la familia pidió no politizar la tragedia, pero él era estudiante y muchos sintieron su muerte como un golpe al estudiantado.

JG: Manuel nunca dijo abiertamente si estaba con los estudiantes. Lo que pasa es que somos una familia de pocos recursos, él estudiaba electrónica en un colegio técnico y mi mamá y mi papá le pagaban el colegio. Si él hubiese participado de las marchas hubiera perdido clases o repetido y era otro año de colegio que hay que pagar; acá prácticamente se dejaba de pagar cuentas por pagar el colegio. Manuel sabía y estaba en favor de la educación gratuita, porque nosotros somos una familia pobre, y si no existiera educación gratuita él jamás podría haber ido a la universidad con los recursos que nosotros tenemos. Pensamos que él, estudiando en un colegio técnico, no tenía las herramientas para poder entrar a la universidad. Si quería ser un profesional, sabía que con nuestros medios no lo íbamos a poder hacer.

-¿Cuál es su postura sobre la petición de “no politizar su muerte”? Hubo mucha voluntad de parte de los estudiantes de pedir justicia, pero no se quiso molestar a la familia.

JG: Nosotros agradecemos el respeto que nos tuvieron. Nuestra petición de no tomar el nombre de Manuel fue más que nada porque nosotros ni siquiera asimilábamos que él estaba muerto, lo único que queríamos era vivir nuestro dolor. En un principio tuvimos que asumir que estábamos acosados por la prensa a más no poder, no podíamos salir al patio, no podíamos asomar la cabeza de la puerta pa’ fuera, no podíamos salir a comprar, no podíamos siquiera llorar tranquilos. Que salía una cosa en la televisión, que a Manuel en un primer momento lo quisieron tratar de delincuente, que era un vándalo, o un pandillero, que Manuel andaba armado y que había fallecido en un ajuste de cuentas. Fueron tantas cosas las que en un primer momento rodearon su muerte, que nosotros quisimos cerrarnos. Lo que estamos haciendo hoy es abrir las puertas a quien quiera que sea, da lo mismo de dónde venga, del movimiento político o tendencia que sea, sólo queremos abrirnos a recibir la ayuda de todos quienes quieran pedir justicia para Manuel.

EL 25 DE AGOSTO

-Volviendo al 25 de agosto ¿Por qué decidieron salir ese día y qué pasó en la pasarela donde Manuel recibió el disparo?

Gerson Gutiérrez (22): Nosotros, el día 24, habíamos ido a la pasarela a ver lo que estaba pasando, siempre salíamos a la calle en las protestas porque aquí nunca pasa nada, era casi como una fiesta en que se juntaban los vecinos alrededor de una fogata a conversar y tirar tallas, siempre lo mismo. El 24 salimos, llegamos a la pasarela para ver lo que estaba pasando en Peñalolén, tiraron una lacrimógena, recuerdo, hacia donde estábamos, y nos vinimos a la casa. El día 25 hicimos lo mismo, alrededor de las 11 y media partimos con Manuel y un vecino a la pasarela. Caminamos por Ramón Cruz, subimos a la pasarela y de repente se escuchan tres disparos y al momento mi hermano grita “me dieron”.

-¿Tú alcanzaste a ver desde dónde venían los disparos?

GG: Yo, claro, siento los disparos y miro y veo la patrulla de Carabineros, por eso lo dije desde un primer momento. Vi la patrulla pasar y había un montón de carabineros por todos lados y también un montón de gente. Cuando él grita, me tiro al suelo, le abro la polera y veo que tiene el orificio en el pecho. Un centímetro de diámetro, más o menos. Yo creí que era un perdigón, nunca pensé que era una bala. Como vi que habían sido carabineros, y como ellos no tienen autorización de disparar balas así…

-Tu versión era que un carabinero había disparado, pero al otro día miembros de la institución dijeron que era imposible. ¿Qué te parece que te hayan desmentido sin investigar lo que pasó y cuál es tu visión actual de Carabineros como institución?

GG: Siempre supe que fue Carabineros. En algún momento tuve una duda, pero había algo dentro de mí que me decía que yo estaba diciendo la verdad, que no había mentido. La única forma de saber la verdad era con el peritaje balístico y yo estaba esperando eso, yo sabía lo que había pasado.

JG: No podemos meterlos en el mismo saco, pero lamentablemente ellos mismos no se han preocupado de cuidar la imagen de su institución, sino de enlodarla con estas mismas acciones, como las que cometió Millacura y quienes estaban a su alrededor, quienes lo encubrieron y callaron, que pensaron que habían matado a alguien que no tenía una familia que alzara la voz y pidiera que las cosas se aclararan.

LA JUSTICIA DE LA TIERRA Y LA JUSTICIA DE DIOS

-Manuel no es el primer estudiante asesinado por carabineros. Pese a que él no participaba de las movilizaciones, murió en un contexto político y social. ¿Qué piensas de las familias que al igual que ustedes viven el dolor de haber perdido a un familiar en manos de carabineros y están obligados a confiar en la Justicia Militar?

JG: Ellos deben comprendernos mejor que nadie. Por la mente de ellos pasó lo mismo que por la nuestra. Nos gustaría que ojalá nosotros pudiéramos hacer algo para que ninguna otra familia chilena, humilde como nosotros, tenga que pasar por lo que estamos pasando. Nosotros, aunque en un momento quisimos desvincular a Manuel de lo que estaba pasando, sabemos que es imposible porque, como dice mi mamá, él no murió atropellado o de un infarto, murió por la bala de un carabinero. Estábamos lejos de lo que pasaba en el país en esos momentos, sin decir que somos personas que no están ni ahí con la política o con lo que piden los estudiantes, sino que simplemente las condiciones en la que estábamos viviendo no nos permitían hacernos partícipes de lo que sucedía.

-En el funeral, algunas pancartas decían “La Jaime (Eyzaguirre) lo vio, un paco lo mató”. ¿Cómo crees que su asesinato golpeó la conciencia de la población?

JG: En un principio salieron unas personas hablando a rostro cubierto diciendo que sí, que Manuel pertenecía a una pandilla; yo no sé si les habrán pagado o solo querían salir en televisión, no entiendo qué los habrá motivado a ellos a mentir. Sin embargo, en la mayoría caló hondo porque había mucha gente esa noche en la calle, la mayoría de los vecinos que son testigos hasta hoy de la causa, que dieron su testimonio, estaban con sus familias completas a metros de Manuel y ellos me dicen, cuando les agradezco por darse la molestia de ir a la Fiscalía a declarar, “pero es que vecina, no tiene qué agradecer, yo lo hago porque podría haber sido yo, mi hijo, mi esposa”.

-Uno podría pensar que como familia evangélica, ustedes se conformarían con esperar la justicia de Dios, sin embargo hoy están movilizándose para obtener justicia terrenal. ¿Qué los motivó a salir a la calle a pedir justicia para Manuel?

GG: Ciertamente no es un dicho bíblico, pero por ahí dicen que Dios te dice ayúdate y te ayudaré, nosotros esperamos que esto se solucione, pero no sirve de nada quedarse esperando a que pase.

JG: Lo que despertó en nosotros el hecho de no quedarnos aquí y esperar que la justicia llegara, es precisamente ver las injusticias que se han cometido con la muerte de Manuel. Creímos, en un principio, que por el lado de la paz íbamos a conseguir más, pero nos dimos cuenta que no, que nos jugó en contra, que si de un principio hubiéramos alzado la voz, Millacura no estaría libre. Que, a lo mejor, los carabineros que dijeron que estaban dados de baja no estarían ahora trabajando en la institución, siendo que tenían una implicancia directa en la muerte de Manuel. Yo creo que eso nos hizo reaccionar. Con esto no hemos dejado de confiar en la justicia de Dios, esa está en primer lugar, de esa no tenemos duda, pero sí dudamos de la justicia terrenal; no sabemos si se va a cumplir, no tenemos fe en que la justicia puede ser justa realmente y por eso alzamos la voz.

“QUE NO SE JUZGUE MÁS EN LA JUSTICIA MILITAR”

-Hoy el carabinero Millacura está libre ¿Qué acciones y sanciones esperan para los responsables?

JG: No queremos solamente que se encarcele a Millacura y se les de sanción a cada uno, no. Nosotros queremos otras exigencias, como cambiar la Ley y que cuando haya un uniformado que mate a un civil, que no se juzgue más en la Justicia Militar. Esa justicia no nos da ninguna seguridad de un juicio justo. Sabemos que anteriormente no se ha cumplido, sabemos que Manuel no es el primero y sabemos que no va a ser el último, pero si hay otra familia que va a tener que sufrir lo mismo que nosotros, ojalá que para ellos haya más posibilidad de justicia penal como corresponde.

-Gerson, luego de que se conociera que los carabineros supuestamente dados de baja seguían en servicio, tú dijiste a los medios que los menoscaban por ser pobres. ¿Por qué sostienes eso?

GG: Porque en Las Condes o Vitacura carabineros no anda matando niños, y aunque hubiese pasado, ya se sabría quién fue y ya estaría pagando la persona que lo hizo. Aquí han pasado seis meses y todavía no hay nada.

-¿Cómo enfrentan la vida después de la muerte de Manuel, cómo convive la familia con esa pena?

JG: Si tú pierdes una parte de tu cuerpo, siempre hay una solución. Si pierdes una mano, te ponen una prótesis, si no puedes caminar, como Gerson, tienes silla de ruedas, pero cuando te falta alguien, alguien que sabes que no se fue a un viaje, que sabes que no le vas a ver más, sólo queda aprender a vivir de nuevo. Hemos tenido que aprender a acomodarnos desde cosas tan simples como la cantidad de comida que se hacía porque hay un plato menos que servir, a escuchar una risa menos, a tener un abrazo menos, en las sobremesas larguísimas, de horas, falta alguien. Hay un vacío y es imposible llenarlo; yo no voy a encontrar otro hermano. Estamos aprendiendo a vivir sin él y se ha hecho más difícil con todo lo que ha pasado, con la injusticia que hemos visto en estos seis meses. Él murió el 26 de agosto, pero sentimos que a Manuel se le ha matado por lo menos dos o tres veces más después de que murió por las cosas que nos ha tocado vivir, como cuando Millacura salió libre. Sentimos como si estuviésemos enterrando otra vez a Manuel, empezamos a revivir todo, vivimos una segunda pérdida, empezamos a levantarnos otra vez y hace unos días atrás nos enteramos de que la justicia nos estaba engañando, diciéndonos que las personas involucradas habían pagado. Ahí te vuelven a tirar al suelo y tienes que volver a levantarte, buscando la esperanza de justicia que se acaba, no porque se te va, sino porque te la arrancan de las manos.

Por Vanessa Vargas Rojas

El Ciudadano Nº120, primera quincena marzo 2012

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s