María Emilia Tijoux: “La sociedad chilena tiene un deseo de castigo que sólo se focaliza en los más pobres”

Vanessa Vargas

eldesconcierto.cl

ajusticiamiento

La socióloga y académica de la Universidad de Chile examinó las motivaciones detrás del reciente caso de ajusticiamiento público de un delincuente en Santiago y reflexionó sobre los episodios racistas que han ocurrido y sus implicancias.

Durante los últimos días, las imágenes y videos del ajusticiamiento público de un delincuente, sorprendieron a todos. El individuo fue amarrado a un poste y envuelto en papel alusa, desnudo, por el colectivo que lo encontró intentando asaltar a un anciano. El hecho abre un debate respecto de las motivaciones y causas que explican la reacción de las personas y la violencia detrás de estos actos.


En entrevista con El Desconciertola socióloga María Emilia Tijoux, con experiencia en sociología del cuerpo e inmigración, analizó el escenario tras el ajusticiamiento público y la situación detrás de los últimos casos de racismo, entre los que destaca el futbolista venezolano Emilio Rentería y la denuncia de la boliviana Verónica Limarí, cuyo hijo lactante falleció en Arica por no recibir atención médica debido a su incapacidad de sus padres de pagar la consulta.

¿Qué le parece el ajusticiamiento público que ocurrió ayer en el centro de Santiago? Se difundieron fotografías que muestran a un individuo sometido a un trato vejatorio y que algunos califican de tortura.

Hay un problema de la acción de la justicia o de la vigilancia y lo que se podría entender como una suerte de reducimiento de la gente ante estos pequeños actos delictivos. Se puede entender el enojo, la molestia y esa falta de seguridad, pero por otra parte, es gravísimo el que la gente que anda por la calle participe de actos bárbaros como este, olvidando que se trata de jóvenes extremadamente excluidos, colocados en el lugar de la miseria, de la basura del desecho humano.

En este caso, llama la atención la desnudez del individuo. Pienso que es mucho más grave que un golpe. La desnudez que te hace pensar en los soldados norteamericanos en Irak es colocar el cuerpo -que es lo que tenemos y tapamos, por eso nos vestimos- en la desnudez pública. Esa vergüenza terrible exponer el cuerpo, innecesariamente, a la vergüenza pública. Luego, se agregan los fotógrafos que están ahí, quienes silban. Es un goce brutal con el sufrimiento del otro.

¿Hay una especie de validación del linchamiento público ante los casos de delincuencia?

Siempre ha existido la delincuencia y los delitos en todas partes del mundo. Siempre ha existido gente que roba en la calle y en las casas. De ahí a que la gente tome en sus propias manos la justicia, también es algo que se ha visto en diferentes lugares. La de denigración pública, la desnudez, la tortura, yo pienso que no es general. La interrogante va hacia lo que somos como sociedad, ¿qué nos hace ser así?

Si ves una sociedad donde la cantidad de niños golpeados en los hogares es impresionante, donde los femicidios, las puñaladas a los hijos y a las madres están dentro del espacio privado del hogar, donde el castigo a diversos sectores es cotidiano, tiene una consecuencia casi lógica, pero terrible, de una suerte de impunidad instalada hace muchísimo tiempo, pero que ahora es naturalizada en estos actos denigrantes.

La desnudez, por una parte, luego las fotografías, la filmación. Estos aparatos nuevos permiten estas cosas, pero llama la atención el goce de quienes están alrededor mirando sin que nadie haga algo. Una vez intervine en una cosa no de ese nivel, pero similar, y me fijé que uno aparece como alguien absolutamente demente al interrumpir. En este país se ha torturado desde hace muchos años, no solamente en el 73. Fue en el siglo XIX, fue a principios del siglo XX y después. Durante el periodo de la dictadura, la tortura aparece como un acto prácticamente normal. Diríamos: nadie se cuenta, nadie lo vio. Más adelante comienzan a instalarse ciertos actos como naturales. Es decir, al delincuente común es absolutamente obvio o naturalizado el hecho de que hay que castigarlo. Ya sea la policía, ya sea en la cárcel o, en este caso, en la calle.
“Es decir, al delincuente común es absolutamente obvio o naturalizado el hecho de que hay que castigarlo. Ya sea la policía, ya sea en la cárcel o, en este caso, en la calle”.

Los 81 quemados en la Cárcel de San Miguel también trajeron consigo una serie de foros donde la gente señalaba que ojalá se hubieran quemado con la familia o con el barrio completo. Hay un deseo de muerte en la sociedad chilena, hay un deseo tan grande de castigo, que extrañamente solo se focaliza en la gente más excluida, en la gente más pobre de los pobres. En aquellos que no tienen ninguna posibilidad de salir de una suerte de abismo, en donde la responsabilidad del Estado, las instituciones y la propia sociedad los ha colocado.

Quizás de esa forma también se explique que exista una condena mayoritaria hacia el delincuente común, pero mucha desinformación e indiferencia ante otros casos de delincuencia que implican la estafa y el robo a miles de personas en Chile.

maria
Bueno, por ejemplo, el tráfico de influencias, que después se denomina pituto, es conseguir cosas a través de los conocidos. Esa es una marca nacional, quien no tiene pituto aparece como una persona sin vocación de poder surgir en la vida. Después están los delitos de cuello blanco, que en realidad es surgir en la vida robando o estafando o mintiendo, en las instituciones, en los mercados, en distintos lugares. Quienes cometen esos delitos son figuras a las que no se les excluye de antemano. Entonces, no representan la figura de la persona que vive en sectores pobres. Ese rostro, color de pelo, o corporalidad que provoca que si se acercan a alguien, la persona se asusta. Eso tiene que ver con la pobreza, con la exclusión, con las condiciones de miseria en que viven muchas personas de esta sociedad.
Es terrible y curioso ver cómo, en estos casos, pasa y uno otro y lo patean y lo vuelven a patear. Es algo así como un castigo colectivo en donde ninguna de esas personas es culpable. Es un delito lo que están haciendo, pero como es colectivo, nadie cometió el delito, fueron todos. Y sin embargo, como se trata de un ser humano que tiene nombre, familia, madre, vecinos… independiente del acto cometido, quedó colocado en la vergüenza pública. Aquí el Estado abandona completamente a estas personas.

Respecto al caso de Emilio Rentería, un futbolista venezolano que ya ha sufrido racismo en dos ocasiones durante un partido de fútbol, nos gustaría analizar un punto. Las instituciones y autoridades se cuadraron para rechazar estas reacciones, pero este es un país donde las condiciones en que viven algunos inmigrantes finalmente promueven el racismo en la sociedad. ¿Qué opina?

Lo primero es decir qué bueno que se esté hablando de racismo. Lo que me preocupa es que el concepto se naturalice y luego quiera decir cualquier cosa. Toda la gente está en contra, pero nadie hace nada. No es solamente denunciar, sino que aplicar justicia, y una ley antidiscriminación tiene que aplicarse en estos casos. Una persona, por su color de piel, es insultada dos veces. Durante la primera vez, el Estado reacciona, pide disculpas. Chile es el país de la política de los gestos. Todo es un gesto, pero de ahí el gesto no se convierte en una realidad que pueda cambiar en algo las cosas.
“Chile es el país de la política de los gestos. Todo es un gesto, pero de ahí el gesto no se convierte en una realidad que pueda cambiar en algo las cosas”.

Pero una segunda vez fue humillado e insultado, además la gente que lo hizo está grabada, reconocida, hay algunos dirigentes y sin embargo, eso que está comiendo –que es un delito- no tiene ningún tipo de sanción. El acto racista queda impune, sin castigo, como sumido en un paréntesis, que hace que una segunda vez la persona vuelva a ser humillada y cuando no soporta más y llora, es burlado nuevamente porque llora, en una suerte de dimensión masculinizante de la virilidad, que no puede sufrir. Entonces, consideran además que el escándalo es innecesario.

Aquí, una persona de piel negra es un nadie, alguien cuya vida no cuenta. Tampoco cuenta su tristeza, tampoco cuenta su llanto, se le despoja de todo: del nombre, de la historia, de la función que está cumpliendo. Esta actitud da cuenta de lo cobardes que somos. Una sociedad cobarde. Y yo lo digo con todas sus letras porque esa cobardía queda impune y esa impunidad parece que la tuviéramos en el alma. Una cosa es el fútbol, que la gente se enoje y pelee, pero acá el problema es el racismo. Lo que cometió, bien o mal, tiene que ver con su color de piel.

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Hace pocas semanas el bebé de una mujer boliviana inmigrante murió porque no tenían dinero para pagar su atención médica. Ella parece ser un símbolo de toda la opresión de este país, en cuanto es una mujer, inmigrante y pobre. ¿Cómo analiza este caso?

Estos son casos paradigmáticos detrás de los cuales aparecen muchos otros, cientos, hoy día. Por ejemplo, el futbolista venezolano aparece en los diarios porque es un futbolista que viene a jugar a Chile, es una persona conocida. Eso no impide que sea insultado por su color de piel y que haya una serie de personas que gocen gritándole y riéndose porque él llora. Por otro lado, encontramos lo que usted dice. Están acumulados todos los elementos de la destrucción del ser humano. Ella es mujer, en primer lugar, pobre, es inmigrante, pero es inmigrante boliviana. A eso agreguémosle que tiene niños pequeños, dos prácticamente en los brazos. Pasó casi desapercibido, por ahí la entrevistaron y ella dice cosas terribles, como la forma en que suplicó porque atendieran a su bebé y lo dejaron morir. Y aquí, ya no es el grupo de personas que hacen esto desde el colectivo, éstas son las instituciones. Esa gente que no la atendió, esa gente que dejó morir a su hijo, debe ser juzgada.

En el caso del chico que roba en la calle, su vida no vale nada. En el caso del futbolista insultado tampoco vale nada y en el caso de este bebé, su vida no vale absolutamente nada. ¿Qué ocurre con la ley que no se aplica? Por otra parte, uno piensa que la sociedad siempre reacciona ante estos casos, pero la sociedad completa da la espalda. Entonces, los discursos del racismo no van necesariamente de la mano de las acciones contra el racismo y porque sean juzgadas las actitudes racistas en Chile. Tengo la convicción de que no estamos solos en esto, pero tendríamos que ir más allá.

Hay que exigirle al Estado una educación que enseñara cómo actúo con el otro, de qué manera respeto a un ser humano. Aquí hay un comportamiento deleznable, pero lamentablemente muy generalizado, que se viene repitiendo y se acompaña de fotografías y filmaciones.

Considerando que las cifras indican que Chile es un país que está recibiendo a un gran número de inmigrantes y también el emergente rechazo hacia la población colombiana, ¿debería el Estado elaborar políticas públicas que vayan más allá de los gestos y se dediquen a combatir el racismo?

En cuanto a las cifras, si bien es efectivo que ha aumentado la cantidad de inmigrantes que está llegando, hay que recordar que este es un país que prácticamente no tuvo mucha inmigración. No alcanza el 3 por ciento, lo que pasa es que se ve mucho más porque ha llegado mucho más inmigrante de piel negra. Entonces aparece como una invasión, como un grupo enorme. Por eso la sensación de robo de trabajo y robo de marido. Me da la impresión de que hay preocupación por este tema, pero no sé si se lleva a cabo rápidamente porque este es un país que no estaba preparado para la llegada de inmigrantes pobres, además, ya que son trabajadores.

Son una mano de obra extremadamente útil, sobre todo si no tienen papeles, ahí son más interesantes para el mercado de la mano de obra barata. Llegan a hacer trabajos que ninguna otra persona está haciendo, es una mano de obra no utilizada en las grandes capitales, sino también en sectores rurales y mineros, sobre todo cuando no tiene papeles, porque además de pagárseles menos, pueden ser intercambiables, un día para otro no sirven.
“Todo lo que ha ocurrido en este país con el castigo, la tortura, el dolor y el sufrimiento del cuerpo hacia otro, hoy tiene su correlato, una suerte de pedagogía del castigo que se ha expandido como mancha de aceite en algunos lugares”.

En ese sentido, pienso que va a haber una polémica interesante en la sociedad chilena respecto a los que están de acuerdo y a los que no, pero lo que está claro es que va a seguir llegando inmigrantes a Chile porque Chile aparece como un país exitoso afuera, como un país seguro, con una política noble. La gente viene porque efectivamente aquí, a pesar de una tremenda explotación, pueden ganar un poquito más de lo que consiguen en sus países.

Hoy hay preocupación de lo que nos pasa como sociedad chilena, cuáles son los límites para actuar en contra de los demás, hasta qué punto somos capaces de hacer daño a otro directamente. Todo lo que ha ocurrido en este país con el castigo, la tortura, el dolor y el sufrimiento del cuerpo hacia otro, hoy tiene su correlato, una suerte de pedagogía del castigo que se ha expandido como mancha de aceite en algunos lugares. ¿Qué le pasa a ese individuo que goza junto a los demás cuando desnudan a alguien? Esto coloca en un muy mal lugar a la gente que lo hace. ¿Tendríamos que hacer con ellos lo que alguna vez hicieron con nosotros? Hay que preguntarnos quiénes somos.

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